BROKEBACK MOUNTAIN: (SECRETO DE LA MONTAÑA)
Dirección: Ang Lee. (TAIWÁN-USA)
Intérpretes: Heath Ledger (Ennis Del Mar), Jake Gyllenhaal (Jack Twist), Linda Cardellini (Cassie), Anna Faris (Lashawn Malone), Anne Hathaway (Lureen Newsome), Michelle Williams (Alma), Randy Quaid (Joe Aguirre), Kate Mara (Alma Jr.).
Guión: Larry McMurtry y Diana Ossana; basado en un relato de Annie Proulx.
Producción: Diana Ossana y James Schamus.
Música: Gustavo Santaolalla. (ARG.)
Fotografía: Rodrigo Prieto.(MEX.)
Edición: Geraldine Peroni y Dylan Tichenor.
Es ya un lugar común el hablar de la desenfrenada apertura de conciencia del mundo actual que ha conseguido destapar descarnadamente los tabúes más escondidos, y por supuesto, qué mejor lenguaje que el de la literatura y el cine para desnudarlos ante el mundo. Obviamente se encuentra entre éstos temas licenciados el del homosexualismo, tanto masculino como femenino, hasta el punto que se puede decir hoy con total tranquilidad que “los gay están de moda”, aún más, la palabra “gay” está de moda, eufemismo extranjero con el que se permite evitar el despectivo “marica”, o lesbiana, para mencionar los términos más decentes.
No hace mucho pudimos escandalizarnos (¿?) con la revelación de la supuesta homosexualidad de los históricos Alejandro Magno y Hefestion, y del legendario Aquiles y su amigo Patroclo a través de las fantásticas superproducciones Alexander y Troya, cuando apenas unos años atrás eran personajes de intachable conducta que solo aparecían en las enciclopedias, o en producciones cinematográficas que exaltaban más al héroe épico que al falible y abrumado ser humano. De manera que en el séptimo arte el tema sigue ganando favoritismo, películas como Capote, que nos revela aspectos de la personalidad amanerada del afamado y recio escritor de bestsellers, Truman Capote, y otras como La Mala Educación, El closet, La virgen de los sicarios, El último suspiro...etc, etc, han venido allanando el camino para la aceptación de este tema y la tolerancia ante escenas embarazosas para el pudor que apenas se puede mantener desde la butaca de cine, ya no desde el enfoque burlesco de “las locas” con el que siempre se ha buscado salpicar de picante y jocosidad algunas películas, sino con planteamientos que propenden por una definitiva aceptación del homosexualismo como forma de vida en la sociedad actual.
Con esa misma disposición desprevenida que muy probablemente llevó al resto de cinéfilos a disfrutar de una hora y media de crispetas y entretenimiento, entré a la sala de cine a verme BROKEBACK MOUNTAIN o la “película de los vaqueros gays”, y aunque sabía de lo pesado y controversial del tema, no me esperaba una reflexión y cuestionamientos tan profundos.
“Nadie ha dicho que la vida es fácil...”, fue el comentario de un amigo a la salida del cine “...me ha dejado sentimientos encontrados”.
Y es éste precisamente el principal mérito de la película, que al parecer ha reflejado de manera fiel la profundidad de la obra literaria, realista, descarnada y sentida, a partir de un relato publicado en “The New Yorker” en 1997 y que motivó desde entonces a Diana Osanna y Larry McMurtry a escribir el guión para cine, y que desembocó en una lucha de siete años para lograr interesar a otros productores y a un brillante elenco artístico dándole vida finalmente a esta impactante propuesta cinematográfica.
“La película de los vaqueros gays”, como la llaman , es muchísimo más que eso. Dentro de un marco de respeto hacia el espectador y hacia los personajes (y no solo los de la película), se maneja el tema con una sensibilidad y tacto exquisitos, por demás inesperados, para mostrar muy por encima del morbo, la curiosidad y lo comercial, el drama de una vida de soledad tristemente compartida, el dolor de la incomprensión, del aislamiento y de las frustraciones al final del recorrido en donde se descubre que la vida que les ha correspondido vivir es una vida de segunda, oculta, e inexistente.
En un escenario que bien podría ser el más representativo del machismo, el “ambiente del mundo Marlboro”, en el que las típicas expresiones de rudeza, parquedad y precariedad que desde los viejos filmes de “Westerns” hemos aprendido de los vaqueros como ejemplo de hombría, se desarrolla paradójicamente una historia no propiamente de “machos” con una trama sencilla, por lo consabida, pero abrumadora por lo dramática y escandalosa, que nos demuestra todo lo que puede darse por debajo de la piel de cualquier ser humano, debajo de los sombreros, las botas vaqueras y los bluejeans, debajo de los convencionalismos que nos hemos fabricado para rotular las diferentes actitudes y comportamientos con que actuamos los roles de la vida ante la mirada juzgadora de la sociedad.
Siempre he pensado que las buenas películas lo que sí tienen, antes que efectos especiales, o espectaculares y supercostosas producciones, es la facultad de penetrar en la psique del espectador. Es algo que va ligado con la “satisfacción del cliente” que busca, además del entretenimiento, asomarse a una ventana nueva que le proporcione cosas en qué pensar. Y esto es algo que sí tiene Brokeback Mountain. Más allá de una calificación sobre la excelente dirección de Ang Lee, o la admirable caracterización de los actores, lo verdaderamente importante es la reflexión que motiva acerca de las posibles causas que determinan la conducta homosexual, y de cómo un sentimiento de éste tipo puede llegar a adueñarse del carácter de un individuo. Retomando en algún lugar la clásica pregunta de si el homosexual nace o se hace, la película de cierta manera nos da la respuesta presentándonos a un par de personajes cuyas afinidades las constituyen la soledad y la falta de afecto de sus padres, la insatisfacción de su vida como hombres, marcadamente exigida de manifestaciones varoniles en un ambiente en donde los sentimientos verdaderos importan menos que los protocolos masculinos.
Las conclusiones y reflexiones están a disposición del espectador, los hechos, están relatados en la pantalla con rigurosidad casi documental y con la exquisitez de una trama emocional.
Ahora bien, es una película de magnitudes y virtudes suficientes para merecer las nominaciones a tantos premios que ya se ven a venir? No lo creo.
Es muy meritoria por el impacto que causa, por la valentía y seriedad al encarar el tema con respeto y penetración de conciencia; por saber “innovar” en un tema archiconocido, pero que había dejado espacios y situaciones sin tratar y sin presentar ante un mundo convencionalmente homófobo; por las incuestionables habilidades de su Director Ang Lee, para ingeniárselas en mantener la tensión y el interés a lo largo de una trama lenta, monótona y predecible; y muy meritoria por el esfuerzo del cine independiente en llevar a cabo una producción que como ésta, continúa moviendo las taquillas de manera notoria. Pero de ahí a que pueda ser “la película del año”, no la creo suficiente.
Extraordinarias actuaciones de Heath Ledger y Jake Gyllenhaal quienes como protagonistas definitivamente contribuyen al éxito de ésta cinta, y en especial y para mi gusto, Michelle Williams como la esposa de Ennis DelMar, quien hace brillar su papel secundario con una sorprendente fuerza interpretativa desde la parquedad y sencillez de su escasa aparición en escena.
Por último y para destacar lo más relevante de la película, cabe decir que Brokeback Mountain posee algo que es ciertamente fundamental en el cine y es, por casualidad, de lo que adolecen muchas, pero muchas de las grandes películas, y es la síntesis y el impacto del tema. De hecho resulta imposible salir indiferente por la puerta de salida de la sala de cine, sin dejar de pensar en la autenticidad de la vida de los protagonistas y la innegable verdad del horror de los sentimientos que aunque prohibidos y enfermizos, se vienen sin poder atajarlos. El tema de ésta película golpea al cinevidente desde el cartel de presentación hasta mucho después en el tiempo, deja huella, marca un hito, y se roba la universalidad de ésta problemática para hacerse inmortal como los clásicos.
La magistral metáfora de la montaña, vasta, hermosa, aislada, reflejo de esa soledad infranqueable, como el paraíso idílico de un amor que no se puede mostrar; la necesidad que todo ser humano tiene de sentirse amado, las carencias de una niñez sin el calor materno o la cercanía de un padre comprensivo, van creando las condiciones para mostrar la debilidad y la verdadera desnudez del alma de dos jóvenes en medio de un escenario de rudeza y
Aunque técnicamente "Brokeback Mountain: En terreno vedado" no es un western (al menos, no lo es en el sentido más popular del término), resulta sencillo encontrar ciertos ecos del género en esos personajes en eterna lucha consigo mismos y su entorno, en esas parquedades de expresión tan marcadas (y cuando hablo de par-quedades, no me refiero sólo a las de palabra, sino también a cier-ta contención de sentimientos) que, casi inevitablemente, invitan a encasillar la historia dentro de este género.
el impacto de la acción no descansa tanto en la épica como en esos “pequeños” dra-mas humanos que fluyen como un torrente bajo la superficie de la más mediocre cotidianeidad
la mano de Ang Lee firma cada plano con un respeto y una sensibilidad ciertamente inauditos en el cine comercial que nos suele llegar desde Hollywood. En efecto, resulta casi imposible salir indiferente de este auténtico viaje al fondo de la soledad compartida. Doloroso y terapéutico por partes desiguales,
una cinta independiente presu-puestada en catorce millones de dólares y cuyos artífices han sabi-do promocionarla muy bien, puesto que les ha bastado con definirla como una historia de amor entre dos vaqueros para de este modo llamar la atención de ciertos medios de comunicación, siempre dis-puestos a crear morbo y expectación con la simplificación de una noticia.
Sería de necios negar que "Broke-back Mountain: En terreno vedado" es una buena película, pero no comparto la opinión mayoritaria de que nos ha-llamos ante uno de los mejores largo-metrajes del
Siendo una histo-ria de amor, resulta incomprensi-ble la frialdad que hallamos a lo largo de buena parte de su desa-rrollo, defecto que empieza a perci-birse en su largo tramo inicial, el que sirve para mostrarnos con cierta mo-rosidad cómo la amistad de los prota-gonistas se va transformando en algo más,
Puede que Ang Lee no haya querido que le acusaran de confec-cionar un melodrama sentimentalista,
La película es una obra de preciosa factura técnica, comen-zando por la exquisita fotografía de Rodrigo Prieto, que nos embelesa con las estampas que su cámara recoge de los paisajes, y continuando con la clasicista puesta en escena de Ang Lee. Si bien la labor de los responsables de maquillaje no me pareció digna de admiración, sí cabe reconocerle algún mérito a la partitura de Gustavo Santaolalla, que se deja escuchar a lo largo de la cinta en contadas ocasiones pero que contribuye con ese sutil uso de la guitarra a crear una bucólica ambientación en las secuencias que acontecen entre campos, pastos y montañas
tuviera una historia más compleja, que pudiera lucir mejor las dotes narrativas de Lee. No quiero decir que "Brokeback Mountain: En terreno vedado" sea mala... pero tampoco se puede negar que la historia que cuenta es demasiado simple y convencional.
Pero, en fin, supongo que habrá que conformarse con el tema homosexual haciendo las veces de "innovación". Y sé que tal vez sea injusto imponer mis expectativas personales al criticar una pelí-cula, pero... ¿qué puedo hacer? Esta es mi opinión honesta y es-pero que les sirva de algo (aunque sea para reír).
como cine de excelente manufactura, aunque poca innovación. No obstante, estoy seguro de que la fama y contro-versia que ha generado bastará para atraer abundantes audiencias, y si al hacerlo promueve el espíritu de tolerancia y aceptación, aún mejor
Y es precisamente aquí donde qui-siera hacer una puntualización res-pecto al tópico que más vamos a ver repetido a la hora de hablar de esta cinta, esto es, la advertencia de que se trata de una historia “universal”. Al fin y al cabo, es éste un tópico impul-sado por el propio director y que, dili-gentemente repetido por la crítica mundial, le habrá ayudado a vender la película mucho mejor que si hubiera admitido abiertamente lo que realmen-te encierra, es decir, una historia de amor homosexual en un entorno ine-xorablemente homófobo. Pues “Bro-keback Mountain: En terreno vedado” es tanto la historia de amor de Jack y Ennis como la amarga historia de sus circunstancias. Y mucho me temo que sus circunstancias no son extrapolables más que en lo que se refiere a las coordenadas de tiempo y espacio, manteniéndose lamentablemente vigentes hoy en día en países co-mo Egipto, donde ser homosexual sigue estando duramente pena-do por la ley.
De esta manera, tanta importancia cobran los personajes de Jack y Ennis (dos caras de la misma moneda: el primero esclavo de sus pasiones, el segundo esclavo de sus miedos) como los de sus es-posas, víctimas indirectas de ese callejón sin salida, esa triste bu-fonada social que no dejan de ser sus respectivos matrimonios. Por suerte, las interpretaciones están a la altura de semejantes bombones de papeles, alcanzando momentos de intensidad dramática tan notables y sobrios que a uno no le resta sino agradecer que ninguno de los roles principales haya caído en las espasmódicas manos de un Brad Pitt, por poner un ejemplo, sino en las de unos sorprendentes Jake Gyllenhaal y Heath Ledger, a cuyo cargo corre la labor de soportar gran parte del peso de la película sobre los hombros de dos personajes difíciles y matizados, cuidadosamente desnudos de todo tipo de concesiones. Pero a su vez, también Anne Hathaway y Michelle Williams hacen verda-deras composiciones de sus papeles de esposas “de pega”, sa-biendo sacar el máximo provecho de las miradas y los silencios es-calonados para subrayar todo lo que el guión no expresa con pala-bras.
Sin duda, lo que más sorprende en esta cinta (y lo que, bajo el punto de vista de quien esto firma, más se de-bería valorar) es el exquisito tacto con que se plantea y desarrolla la historia, la sobriedad extrema que destila en todo momento. Desde los primeros acordes de la banda sonora de Gus-tavo Santaolalla, delicados y extra-ordinariamente concisos, perfecto contrapunto a la marea de sentimien-tos que la película nos va a deparar, hasta las reveladoras escenas finales, planificadas bajo una sencillez exa-cerbada, la mano de Ang Lee firma cada plano con un respeto y una sensibilidad ciertamente inauditos en el cine comercial que nos suele llegar desde Hollywood. En efecto, resulta casi imposible salir indiferente de este auténtico viaje al fondo de la soledad compartida. Doloroso y terapéutico por partes desiguales, viaje que es no sólo a ese paraíso terrenal en que se convierte la montaña Broke-back, metáfora sin fisuras del único momento de autenticidad en la vida de los protagonistas, sino viaje también a los horrores de una conciencia colectiva despótica y ciega. Quizás sea cierto que algo de universal hay en esta historia... pero no más que de gay pueda haber en “Los puentes de Madison”.
A veces las simplificaciones del mundo mediático son especial-mente injustas. La "película de los vaqueros gays" es uno de los casos más sangrantes que han pasado por las pantallas reciente-mente. "Brokeback Mountain: En terreno vedado" habla de dos per-sonas que sufren porque el paso que podría llevar a su felicidad es-tá cegado por un muro de ignorancia. He oído a algún crítico co-mentar que los protagonistas de la última película de Ang Lee se niegan a sí mismos esa posible felicidad porque no terminan de aceptar lo que sienten. Falso. Ennis (Heath Ledger) y Jack (Jake Gyllenhaal) son conscientes durante toda su historia de lo que les late dentro, aceptan lo que tienen porque les desborda la piel. So-matizan la intensidad de lo que sienten en arrebatos de violencia, en vómitos, en golpes y hasta en sangre provocada en la persona a la que aman.
Ang Lee ha creado una obra transgresora por su radical sinceri-dad. Pocas veces una pantalla de cine ha tenido tal capacidad para arrastrar al espectador hasta el núcleo de lo que sienten sus per-sonajes (no sólo sus dos protagonis-tas, sino también sus respectivas parejas o incluso los padres de Jack). En gran medida, es ésta una labor de actores, de un cuarteto protagonista que con un Heath Ledger simplemen-te magistral (ni siquiera merece la pe-na ahora evocar la figura de Brando) al frente, consigue golpear con cada ric-tus, cada bajada de sombrero, cada temblor en la boca de Alma (Michelle Williams). Digo que “en gran medida” porque en medio está la figura de un director que siempre ha sido brillante, pero que en esta ocasión se revela como algo más que eso
La historia de Ennis y Jack no es necesariamente la historia de dos hombres enamorados en un con-texto hostil, o al menos no es sólo eso. Apela a la imposibilidad de la satisfacción que hay en heterose-xuales, gays, lesbianas, digámos-lo, apela a la cualidad de cual-quier ser humano para sufrir y vi-vir una vida de segunda como la única posible
Lureen, mujer de Jack, es presentada como una auténtico muñeco sin alma y este-reotipado.
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